Bajo la sombra de San Nicolás: Cuando el respeto se vuelve ceniza

Llevo 46 años apostado en la esquina de la iglesia de San Nicolás. Durante casi medio siglo, mi vida ha transcurrido entre el aroma de las castañas asadas y el murmullo de los transeúntes. He visto pasar generaciones, he visto cambiar la ciudad y, hasta hace poco, creía conocer el alma de sus vecinos. Sin embargo, hoy escribo estas líneas con una mezcla de tristeza y desconcierto.

Cuentacuentos y Castañas. Mikel Álvarez Menor en una escuela de Pamplona donde comenzó compartiendo castañas y cuentos de forma voluntaria. Aunque luego lo contrataban, el precio simbólico reflejaba que su motivación no era económica. Esta foto se publicó por primera vez hace más de dos décadas.

Lo que empezó como «cosas de chicos» se ha transformado en un acoso constante. Un grupo de jóvenes, a los que he visto crecer con el paso de los años, ha convertido mi puesto de trabajo en el escenario de sus burlas. No hablamos de una travesura aislada; hablamos de ofensas constantes, del intento de sustraer castañas crudas y de actos vandálicos, como el día que me pincharon una rueda de la caseta.

El muro de la indiferencia

No se trata de no aceptar «muchachadas»; se trata de que, al ser un comportamiento constante, surge el temor legítimo de que este grupo pase de la burla a la agresión física. Ante esta insistencia, decidí actuar.

Hubo un día en que la situación se volvió insostenible y tuve que llamar a la policía. Los agentes acudieron de noche y, tras identificar a los jóvenes, llamaron a algunos de sus padres para informarles de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, el desamparo llegó después: cuando acudí a la comisaría para interponer una denuncia formal, tras una espera de 45 minutos, la respuesta del funcionario fue que dicha denuncia no procedía.Me encontré, de repente, en un vacío legal donde el acoso que sufro a diario parece no tener importancia para el sistema. ¿En qué momento nos volvimos invisibles los que trabajamos en la calle? Si las autoridades no pueden frenar un acoso constante, ¿quién marca el límite antes de que ocurra algo peor?

Una reflexión sobre la memoria y la educación

Lo que más me duele no es el daño material, sino la ironía del tiempo. Veo con tristeza que estos jóvenes son estudiantes de una escuela a la que yo mismo solía acudir como cuentacuentos. Es muy probable que sus propios padres se sentaran frente a mí, con los ojos muy abiertos, escuchando mis historias cuando eran niños.

Hoy, esos hijos me miran con desprecio. Esto me lleva a hacerme preguntas profundas sobre las responsabilidades de nuestra juventud y de nuestra sociedad:

  • ¿Dónde quedó la empatía? La educación no es solo aprobar exámenes; es entender que detrás de un vendedor de castañas hay un ser humano con dignidad y una historia.
  • La responsabilidad familiar: Si un padre recibe una llamada de la policía y el comportamiento de su hijo no cambia, se está enviando un mensaje de impunidad. La libertad de los jóvenes no puede construirse sobre la humillación de los mayores.
  • El papel de las instituciones: Cuando un ciudadano acude a la ley y se le dice que su sufrimiento «no procede», se rompe el contrato social. La falta de reacción ante el incivismo es el caldo de cultivo para problemas mayores.

Un llamado a la convivencia

No escribo esto por rencor, sino por justicia. Mi esquina en San Nicolás debería seguir siendo un lugar de encuentro y tradición, no un sitio donde trabajar con miedo. La juventud tiene derecho a la alegría, pero no a costa de la paz ajena.

Espero que estas palabras inviten a la reflexión. Aún confío en que el respeto pueda volver a brotar en esta ciudad, al igual que el calor de mis brasas cada invierno, y que recordemos que una sociedad que no cuida a sus mayores ni respeta el trabajo digno, es una sociedad que está perdiendo su alma.

6 comentarios en “Bajo la sombra de San Nicolás: Cuando el respeto se vuelve ceniza”

  1. Paqui Muñoz Casas

    Lo que cuenta usted es algo que no debería ocurrir nunca,la falta de respeto es desde hace un tiempo algo que se ha normalizado, pero la culpa no es de los jóvenes es de los padres que no saben educar o no quieren educar, que es peor aún .
    Siento mucho su situación, pero es la sociedad que hemos hecho entre todos.
    El respeto no existe para casi nada

  2. Hola Mikel,
    Siento mucho que estés sufriendo este acoso.
    No tengo forma de cambiar nada pero hablaré a mis hijos de ti, de esta situación que estas viviendo. No quiero imaginar ser la.madre de esos chavales que te acosan.
    Mandarte un abrazo muy fuerte que te daré en persona cuando pase por allí.
    .
    Muchas gracias por tu Valentía Mikel,
    Urte berri on!

  3. Mucho Ánimo Mikel , no dejes que te acobarden, no cedas ni un milímetro.
    Frente al acoso, denuncia aunque sea en redes.
    Estamos contigo.
    Un abrazo

  4. Hola Mikel, una pena que pasen estás cosas, tenemos que reflexionar todos porque pasan, porque estos chicos no valoran el gran trabajo que haces, porque no lo respetan. Todo mi apoyo.
    Urte Berri on 🫂🫂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *