Algunas veces he escuchado decir que cuando fallece un ser amado debemos «dejarlo ir». Hoy, mi amado hijo Urtzi, a un año más de tu partida, puedo decir con certeza que ME NIEGO A DEJARTE IR.
Aunque entiendo la intención de quienes lo dicen, espero que el mundo comprenda que la muerte y el duelo son senderos que cada quien camina a su propio ritmo y manera. Cuando digo que me niego a soltarte, es porque estoy convencido de que sigues vibrando entre nosotros a través de tu recuerdo.
Cada vez que evoco tu vida, con tus aciertos y tus desaciertos, mantengo encendida una parte de ti en mí. Fuiste, y eres, uno de los regalos más hermosos que la vida me otorgó; por eso, para seguir teniéndote cerca, te elijo en mis pensamientos cada día.
El refugio del apoyo
Este texto nació pensando en mi hijo, pero quiero que estas palabras lleguen a todos aquellos padres y madres que atraviesan el mismo desierto. Me solidarizo con su dolor, ese que solo quienes lo llevamos a cuestas podemos llegar a comprender de verdad.
No existe una receta mágica ni un manual para «superar» esta pérdida, porque un hijo no se supera, se integra en el alma. Pero sí puedo decirles algo: vale la pena aferrarse a cualquier rayito de esperanza. Ya sea una palabra de un amigo o el silencio cómplice de un familiar, esos gestos son los que nos mantienen a flote.
Personalmente, he tenido algunos salvavidas que me han sostenido durante estos años, entre ellos los profesionales de la Asociación Besarkada-Abrazo y a la organción Teléfono de la esperanza por quienes siento un profundo agradecimiento.
También me sostienen la fe en que el amor no muere, la calidez de quienes no se incomodan con mi tristeza y, curiosamente, la rutina de los pequeños momentos. Como esas charlas frente al puesto de castañas, donde el humo y el calor humano nos recuerdan que, a pesar del frío del invierno, si empre hay una brasa encendida esperándonos.
Hijo, no te dejo ir porque el amor no sabe de despedidas, solo de presencias transformadas. Y a vosotros, padres que me leéis: no tengáis prisa. Vuestro recuerdo es su victoria sobre el olvido.
Os comparto el siguiente fragmento de Juan Ardini con el que me identifico y tal vez muchos de vosotros también:
Me gusta pensar que voy a verte. No sé en que lugar, ni en que estación o circunstancia. No sé si hoy, mañana, en unos años o en alguna otra vida. No sé si siendo niños, jóvenes o ancianos; en forma de personas, de agua y piedra, flor y tierra o lluvia y cielo. Solo pensar que voy a verte de algún modo; en algún tiempo en que nuestros destinos coincidan nuevamente. Solo pienso en eso. Me gusta pensar que voy a verte».
Juan Ardini


Qué bonitas palabras desde el amor.
Cuando dices que se integra en el alma…
Así es, es cuando sabes que el alma duele.
Jamás se olvida a quien se quiere se verdad.
Siempre estarán con nosotros.
Qué gusto leerte y verte siempre sonreír .